Cuando la primera vez es a los 50

Martes 27 de Abril de 2004

"Siempre viví rodeada de vehículos, porque mi papá era transportista. Así que todos mis hermanos aprendieron a manejar con él. Y, claro, yo también me fui ilusionando con conducir. Pero siempre que me atrevía aparecían otras responsabilidades más importantes y necesarias que postergaban la decisión. Primero el estudio, después el trabajo, luego el matrimonio, comprar una casa donde vivir... Pese a todo, me siguieron gustando los autos y me preocupaba de los últimos modelos y marcas. Así pasaron los años hasta que llegué a los 58 sin cumplir este deseo. ¡Chuta!, dije, ¡me estoy poniendo vieja y a lo mejor nunca voy a poder aprender a manejar...! Lo pensé y como se dieron las condiciones, ya tenía mi casa pagada, quise darme ese gustito antes de jubilarme". El relato es de Nelly Herrada, profesora y uno de los tantos chilenos que deciden aprender a manejar después de los 50.

 

Lamentablemente, no todos logran alcanzar su deseo. Algunos se rinden ante la cantidad de elementos a los que hay que estar atentos cuando se conduce o desisten porque sienten que ya no poseen los reflejos de antes. Otros, pese a sacar su licencia de conducir, nunca logran manejar sólos por temor al tránsito.

 

Y es que a los adultos mayores les cuesta más aprender a manejar. Sin embargo, los que realmente lo logran son más criteriosos y prudentes que el resto de los automovilistas. Y lo más importante, pese a lo que muchos piensan, las cifras indican que son menos peligrosos.

 

"Las reacciones, los reflejos y la coordinación son más lentos después de los 50 y por eso los primeros manejos se hacen con mucho temor", explica Luis Silva, instructor de manejo de la Escuela de Conductores Alcántara, quien ha enseñado a varios adultos mayores a conducir. "Les cuesta más, obviamente, pero me llama mucho la atención su apego a la vida. Al joven todo le da lo mismo. Si tiene que apurar el auto, lo apura, no tiene problemas. Las personas de edad, en cambio, son más prudentes y pisan el acelerador con mucho cuidado. Además, al contrario de los más jóvenes, se preocupan de que no le vaya a pasar algo al auto y son mas cuidadosos, cumplen las leyes del tránsito de punta a punta", agrega Silva.

 

Lo mismo cree Freddy Ponce, secretario ejecutivo deConaset. "Lo que uno observa es que la gente mayor tiene un mucho mejor comportamiento en las calles que los más jóvenes. Efectivamente, ellos pierden visión y audición, pero eso no les impide manejar. Además, hemos visto en las cifras de accidentes que los conductores de la tercera edad no inciden directamente en los accidentes".

 

Esto se trasunta en lo que cuenta Remigio Sepúlveda, de 50 años, quien actualmente hace su curso de manejo en la Escuela de Conductores San Luis. "Mucha gente se puede sorprender de que un caballero de esta edad esté aprendiendo a manejar, pero yo siento que actualmente tengo todas las posilidades de asumir una responsabilidad como es la de tener un vehículo y manejarlo. Yo no voy a estar echando carrera con la gente, porque uno ya tiene sus años y su tranquilidad".

 

Matando el temor

 

Una de las mayores aprehensiones que sienten los adultos mayores primerizos en el manejo es el temor a no responder física y mentalmente a los requerimientos de la conducción. Pese a las ganas de aprender a manejar, esta inquietud también la sentía Nelly Herrada.

 

"Cuando por fin me decidí a conducir, fui a un local a ver un auto con mi esposo y mi hermano. Me alejé un poco de ellos y uno de los vendedores me mostró un Fiat Palio y me dijo: ¿quiere probarlo? Obviamente, él creía que yo sabía manejar. Yo acepté. Me subí, encendí el auto y di una vuelta cortita. Cuando nos bajamos encontré a mi hermano y mi marido y les dije: ¡Apuesto que no saben lo que hice! Manejé. Entonces, el vendedor me dijo, ¿cómo que manejó? Claro, le dije yo, si yo no sé manejar. Pero, ¿sabe?, esto probó que puedo, porque no me puse nerviosa. Así que compré ese mismo auto".

 

A la calle

 

Pero una cosa es hacer un curso acompañados por un profesor de manejo y otra es enfrentarse al despiadado tránsito citadino. Es por eso que muchos adultos mayores, pese a rendir el examen de conducción y conseguir su licencia, nunca más salen a las calles.

 

"Yo tengo una colega que el año pasado me decía: cuando llegue marzo voy a venir en mi autito manejando. Pero ahora me dice: sabes, me da pánico ver los demás vehículos a mi lado. Pero, ¿por qué te va a dar pánico?, le digo yo. Si lo único que tienes que hacer es tomar tu derecha y listo, te vas lentito", cuenta Nelly Herrada.

 

Claro que en un principio el tránsito también la amenazó a ella. "A los 15 días de haberme entregado la licencia, quería salir a manejar. Me fui a la playa con mi hermano y en la carretera no tuve ningún problema, hasta que llegamos a San Sebastián. Esa ya era una ciudad, entonces me di cuenta que no estaba muy preparada para andar en ciudad. Me puse nerviosa, entonces mi hermano me pidió que lo dejara manejar, porque yo era un peligro público. Durante dos meses, cada vez que quería manejar, tenía que salir con él. Hasta que un día le dije que quería andar sola y desde ese día nadie me ha bajado del auto".

 

Mercado en alza

 

La industria automotriz mundial también ha centrado su interés en los conductores de la tercera edad. Una de las marcas que ha incursionado en este mercado es Honda. La compañía japonesa está fabricando autos más resistentes e instalando artefactos de seguridad en sus modelos medianos, entre ellos, un sistema de frenos y sensores que atenúan las colisiones y llaman la atención de los automovilistas.

 

"El envejecimiento de la población mundial es importante, y estos clientes se preocupan de tener autos más seguros", señala el presidente ejecutivo de la empresa, Hiroyuki Yoshimo.

 

 

Fuente: El Mercurio, Sábado 24 de abril de 2004